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6 de octubre de 2007

La incertidumbre que provocan las ambigüedades en “Otra vuelta de tuerca”


[Ensayo que acabo de terminar para Literatura]


Este ensayo versará sobre los elementos ambiguos que se presentan a lo largo de la obra “Otra vuelta de tuerca” (título original: “The turn of the screw”), escrita por el estadounidense Henry James y publicada originalmente en 1898. La ambigüedad de tales elementos se traduce en múltiples posibilidades de interpretación y en un claro desafío al lector, quien debe tomar una posición determinada acerca de la credibilidad del relato.

En la obra mencionada, una institutriz es contratada por un hombre adinerado para cuidar de sus sobrinos en la mansión Bly. Al trasladarse allí, la institutriz conoce a los niños y a la señora Grose (ama de llaves), y se va encariñando con ellos. Sin embargo, con el transcurso de los días, tienen lugar una serie de apariciones que, para la institutriz, ponen en peligro a los niños. La obra culmina con el enfrentamiento de la institutriz con uno de los fantasmas y la consecuente muerte de uno de los sobrinos (ya que estaba siendo poseído por el fantasma en cuestión).

En esta novela cobra especial importancia el marco espacial en el que se desarrolla la historia, que contribuye sobremanera a conformar un ambiente de suspenso y misterio. La mansión Bly era, según palabras de la protagonista, “un castillo de novela”, “una mansión de cuento de hadas”, un edificio imponente, grande, antiguo y cómodo, que inspiraba en la institutriz una sensación de aislamiento, de desamparo, de soledad.

Otro factores que contribuyen en forma no despreciable a crear una sensación de incertidumbre son la falta de precisión temporal en el devenir de los acontecimientos y las enigmáticas características de los niños (quienes parecen no tener defecto alguno), así como las rarezas que evidencian sus comportamientos.

Sin embargo, el elemento primordial que posibilita el desconcierto total del lector y su cuestionamiento sobre la veracidad de los acontecimientos es la absoluta subjetividad de la narración. La institutriz se constituye en única portavoz de los acontecimientos y nos presenta un único punto de vista, una única versión de los hechos. Esto se complementa con las características previamente señaladas (la lejanía de su familia, la sensación de soledad, la hostilidad del ambiente, etc.), lo que induce al lector a plantearse si tales circunstancias no podrían haber ocasionado una especie de alteración psicológica en la narradora, con su consiguiente secuela de visiones, alucionaciones y experiencias paranormales.

Al concluir la obra de una forma tan abrupta, Henry James apela al lector para que responda a los múltiples interrogantes que se plantean. ¿Se trata de una historia real o no es más que el delirio de su protagonista? ¿Es un relato de ciertos acontecimientos objetivos o el mero producto de la imaginación de una mente atormentada? Es el lector quien tiene la última palabra.

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