Suscríbete por e-mail

28 de julio de 2007

0

Elecciones en Cuba y el silencio de los medios de comunicación


Tengo la certeza de que en los titulares de los periódicos de su país o en los espacios informativos de la TV jamás usted ha leído o visto en los últimos años alguna noticia sobre las elecciones en Cuba. No existen para los grandes medios de comunicación, porque sus dueños las han excluido de la agenda informativa.

Lo que si no ha faltado nunca en esos medios es la afirmación de algunos comentaristas tarifados o políticos defensores de intereses ajenos o adversos a los pueblos de que “bajo la dictadura de Castro en Cuba no hay democracia ni libertad ni elecciones”. Se trata de una consigna que se repite frecuentemente para hacer honor a aquel pensamiento de un ideólogo del nazismo de que una mentira repetida mil veces podría convertirse en una verdad.

Elecciones en la Cuba revolucionaria ha habido desde 1976. En estos momentos se celebra el décimo-segundo proceso electoral para elegir a los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, más o menos equivalentes a los concejales en otros países.

No dar información sobre las elecciones en Cuba, como tampoco a su obra de salud, educación, seguridad social y otros temas, obedece a que los poderosos del mundo del capital temen la propagación de su ejemplo, a la vez que quede completamente al desnudo la ficción de democracia y libertad que por siglos se ha vendido al mundo.

A la luz de las elecciones convocadas para el próximo 17 de abril, quiero solamente comentarles, dentro de la mayor brevedad posible, cuatro rasgos del proceso electoral en Cuba, aún susceptibles de perfeccionamiento, que marcan sustanciales diferencias con los mecanismos existentes para la celebración de elecciones en las llamadas “democracias representativas”. Esos aspectos son: 1) Registro Electoral; 2) Asambleas de Nominación de Candidatos a Delegados; 3) Propaganda Electoral; y 4) La votación y escrutinio.

El Registro Electoral es automático, universal, gratuito y público. Al nacer un cubano no sólo tiene derecho a recibir educación y salud gratuitamente, sino que cuando arriba a los 16 años de edad automáticamente se le inscribe en el Registro Electoral. Por razones de sexo, religión, raza o filosofía política a nadie se le excluye. Tampoco si pertenece a los cuerpos de defensa y seguridad del país. A nadie se le cobra un solo centavo por aparecer inscripto, y mucho menos se le somete a engorrosos trámites burocráticos como exigirles fotos, sellos del timbre o la toma de huellas dactilares. El Registro es público, lo que permite que todos puedan saber quienes son los posibles electores en cada circunscripción. En el actual proceso electoral en Cuba, se publica en lugares de masiva afluencia de público en cada circunscripción, desde el 15 de febrero y hasta el 17 de marzo, lo que se llama el Registro Primario de Electores, a fin de que cualquier elector o un familiar de este pueda detectar errores en sus nombres y apellidos, en la numeración del carnet de identidad o en el domicilio donde reside. Todas las observaciones que lleguen a las autoridades electorales correspondientes se procesan con vistas a incluir o excluir a electores con capacidad legal en el Registro de Electores oficial que se expondrá en cada colegio electoral, a partir del 6 de abril.

Todo este mecanismo público posibilita, desde los inicios del proceso electoral, que cada ciudadano con capacidad legal pueda ejercer su derecho de elegir o resultar elegido. E impide la posibilidad de fraude, lo que es muy común en países que se llaman democráticos. La base del fraude en todas partes está, en primer lugar, en que la inmensa mayoría de los electores no saben quienes tienen derecho a votar. Eso sólo lo conocen o dominan unas pocas maquinarias políticas. Y, por eso, hay muertos que votan varias veces, o, como pasa en Estados Unidos, decenas de miles de afroamericanos no son incluidos en los registros porque alguna vez fueron condenados por los tribunales, a pesar de haber cumplido sus sentencias.

Lo que más distingue y diferencia a las elecciones en Cuba de otras son las asambleas de nominación de candidatos. En otros países la esencia del sistema democrático es que los candidatos surjan de los partidos, de la competencia entre varios partidos y candidatos. Eso no es así en Cuba. Los candidatos no salen de ninguna maquinaria política. El Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente de la sociedad y el Estado, no es una organización con propósitos electorales. Ni postula, ni elige ni revoca a ninguno de los miles de hombres y mujeres que ocupan los cargos representativos del Estado cubano. Entre sus fines nunca ha estado ni estará ganar bancas en la Asamblea Nacional o en las Asambleas Provinciales o Municipales del Poder Popular. En cada uno de los procesos celebrados hasta la fecha han sido propuestos y elegidos numerosos militantes del Partido, porque sus conciudadanos los consideraron personas con méritos y aptitudes, pero no debido a su militancia.

Los cubanos y cubanas tienen el privilegio de postular a sus candidatos sobre la base de sus méritos y capacidad, en asambleas de residentes en barrios, demarcaciones o áreas en las ciudades o en el campo. A mano alzada se hace la votación en esas asambleas, donde resulta electo aquel propuesto que obtenga mayor número de votos. Para el actual proceso se celebrarán más de 41 mil asambleas de nominación de candidatos en las más de 15 mil circunscripciones electorales constituidas en los 169 municipios del país. En el proceso electoral de 2002-2003 participaron más de 8 millones de cubanos en las asambleas para postular a los candidatos, lo que significó un 81 % de los electores. Nada similar tiene lugar en el mundo. Es una prueba de democracia real que otros no pueden exhibir.

En cada circunscripción electoral hoy varias áreas de nominación, y la Ley Electoral garantiza que al menos dos candidatos, y hasta 8, puedan ser los que aparezcan en las boletas para la elección de delegados el l7 de abril.

Otro rasgo del proceso electoral en Cuba es la ausencia de propaganda costosa y ruidosa, la mercantilización que está presente en otros países, donde hay una carrera por la obtención de fondos o por privilegiar a una u otra firma de relaciones públicas. Ninguno de los candidatos postulados en Cuba puede hacer propaganda en su favor y, por supuesto, ninguno necesita ser rico o disponer de fondos o ayuda financiera para dar a conocerse. En las plazas y calles no hay actos en favor de candidato alguno, ni manifestaciones ni carros altoparlantes ni pasquines con sus fotos, ni promesas electoreras; en la radio y la televisión, tampoco; en la prensa escrita, tampoco. La única propaganda la ejecutan las autoridades electorales y consiste en la exposición en lugares públicos en la misma área de residencia de los electores de la biografía y foto de cada uno de los candidatos. Ningún candidato es privilegiado sobre otro. En las biografías se exponen méritos alcanzados en la vida social, a fin de que los electores puedan tener elementos sobre condiciones personales, prestigio y capacidad para servir al pueblo de cada uno de los candidatos y emitir libremente su voto por el que considere el mejor.

El rasgo final que queremos comentar es la votación y el escrutinio público. En Cuba no es obligatorio el voto. Como lo establece el Artículo 3 de la Ley Electoral, es libre, igual y secreto, y cada elector tiene derecho a un solo voto. Nadie tiene, pues, nada que temer si no acude a su colegio electoral el día de las elecciones o si decide entregar su boleta en blanco o anularla. No ocurre como en muchos países donde el voto es obligatorio y la gente va compulsada para evitar que le impongan una multa, lo lleven a los tribunales o incluso para no perder un empleo. Mientras en otros países, incluyendo Estados Unidos, la esencia radica en que la mayoría no vote, en Cuba se garantiza que todo el que desee pueda hacerlo. En los once elecciones efectuadas en Cuba desde 1976 a la fecha más del 95 % de los electores han ido a votar. En las últimas elecciones lo hizo el 97, 6 %.

El conteo de los votos en las elecciones cubanas es público, y puede ser presenciado en cada colegio por todos los ciudadanos que lo deseen, incluso la prensa nacional o extranjera.

En el mundo, sin duda, hay muchas crisis, y entre ellas hay que incluir la electoral. Los mecanismos que se utilizan en muchos países son ya obsoletos e inoperantes. La ética está por el piso, y las motivaciones de la gente, muchas veces hartas de fraudes, de promesas incumplidas por los candidatos, de oportunismos políticos, de no solución a las crecientes necesidades de los pueblos, hacen que se registren altos índices de abstencionismo y apatía de los electores. Cuba puede decir con orgullo que esa crisis no la acompaña, pues ha concebido un sistema electoral que es como un traje a la medida de su cuerpo, aunque estamos conscientes de que aún requiere mayor pulimento y perfeccionamiento.

Aspiro simplemente a que con estos rasgos enunciados, un lector sin información sobre la realidad cubana responda a algunas elementales preguntas, como las siguientes: ¿dónde hay mayor transparencia electoral y mayor libertad y democracia? y ¿dónde se ha logrado mejores resultados electorales: en países con muchos partidos políticos, muchos candidatos, mucha propaganda o en la Cuba silenciada o manipulada por los grandes medios, monopolizados por un puñado de empresas y magnates cada vez más reducido?

Aspiro a que algún día, al menos, en la gran prensa cese el muro de silencio que se ha levantado sobre las elecciones en Cuba, al igual que en otros temas como la obra de salud pública y la educación, y ello pueda ser fuente de conocimiento para otros pueblos que merecen un mayor respeto y un futuro de más libertades y democracia.



► Fuentes:

• [ Rebelión ]

25 de julio de 2007

0

[Campaña] Cerremos Guantánamo

Han pasado más de cinco años desde que las autoridades del gobierno de Estados Unidos trasladaron a los primeros detenidos de la "guerra contra el terror" a su campo de detención ilegal de Guantánamo, Cuba.


Pese a la condena internacional, movilizaciones, rechazos, la lucha de miles de ciudadanos y la labor de organizaciones como Amnistía Internacional, centenares de personas siguen recluidas allí, sometidas a tratos inhumanos y torturas de todo tipo, sin cargos ni posibilidad de defensa, y despojados de cualquier derecho.

Por eso, Amnistía Internacional está haciendo una campaña recolectando firmas para exigir su cierre inmediato, para terminar con este símbolo de injusticia, de abusos, de torturas aberrantes y de violaciones de los derechos humanos más elementales.

Unite a la campaña de Amnistía Internacional.



► Fuentes:

• [ Amnistía Internacional ]

• [ Planeta Nada ]



► Link de interés:

• [ Cerremos Guantánamo ]

0

La información como arma de guerra: La palabra que mata

América Latina está siendo invadida silenciosamente en varios frentes: político, económico, militar, científico, cultural, lo que tiene un centro coordinador común: los medios masivos de comunicación, en momentos en que la información se ha transformado en un arma de destrucción masiva.

En los permanentemente renovados esquemas de seguridad nacional de Estados Unidos, la manipulación informativa se ha convertido en el arma más poderosa que antecede al disparo de los misiles y a los bombardeos.

Ahora la palabra mata, oculta crímenes brutales bajo envolturas de mensajes muy bien preparados, en diseños de guerras reales y cibernéticas, con comandos especializados, con criminales atípicos, que no llevan armas sino discursos mediáticos tan destructivos como un misil.

Porque el periodismo actual debe entender que si la palabra mata, o sirve a los más brutales diseños de genocidio o exterminios masivos -cuyo mejor y trágico ejemplo es hoy Irak-, el que dispara esa palabra que matará es tan criminal como el que deja caer la bomba asesina. [...]

Los nuevos diseños de seguridad nacional estadounidense, trazados mucho antes de los atentados que desplomaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, extienden las fronteras seguras del poder hegemónico a todo el mundo, sin consideración alguna de legalidad, soberanía, o razones humanitarias o morales. Ese hecho fue absolutamente funcional para las necesidades geoestratégicas de poner en marcha los trazados de Guerras de Baja, Mediana y Alta Intensidad remozados en los años 90.

En su momento, Adolf Hitler, bajo los enunciados de la doctrina de “fronteras seguras” como modelo de la expansión nazi avanzó sobre todo lo que lo rodeaba o lo que consideraba debía controlar en nombre de la seguridad de Alemania.

Ahora con la misma concepción nazi, Estados Unidos y sus asociados definen una guerra infinita, sin fronteras, sin leyes, sin control, que abarca a todo el mundo, convertido en su también “infinita” frontera de seguridad.

Y detrás -lo dicen también abiertamente como en estos días lo reconoció el gobierno de Australia, participante del genocidio iraquí- están las necesidades cada vez más acuciantes de recursos naturales, que el capitalismo en su perverso esplendor dilapida sin control.


Los medios privados y la incitación al genocidio

Recientemente se publicó el informe “Los medios y el genocidio de Rwanda”, editado por Allan Thompson (2007), donde se cita una declaración de Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, publicado por el Centro Internacional de Investigación y Desarrollo de Canadá. Precisamente Annan hablando en la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad de Carleton en Ottawa, durante la celebración de una reunión sobre “Los Medios (de comunicación) y el Genocidio de Rwanda” denunció que éstos “fueron usados” en ese país “para diseminar odio, deshumanizar a la gente, y más aún para guiar a los genocidas hacia sus víctimas. Tres periodistas y propietarios de medios han sido encontrados culpables de Genocidio por el Tribunal Criminal Internacional para Rwanda, y también de incitación al genocidio, conspiración y de cometer crímenes contra la humanidad. Debemos encontrar una vía para responder a tales abusos de poder...”.

También sostuvo que “No puede haber asunto mas importante, ni obligación más apremiante que la prevención del genocidio.”

Esta declaración de Annan fue silenciada a nivel mundial, de la misma manera que se silenció el castigo de la justicia a los medios de comunicación y periodistas que participaron en la Operación Colombo, de contrainsurgencia que planeó la dictadura de Augusto Pinochet con la CIA, los escuadrones de la muerte de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y sectores de inteligencia y seguridad del gobierno argentino de entonces (1975).

La prensa y periodistas chilenos, y también argentinos, fueron claves para este engendro contrainsurgente de Guerra Sucia, que significó la Operación Colombo. Se trataba de un plan para engañar a la ONU que le reclamaba por una lista de 119 personas desaparecidas. Entonces se decidió que harían aparecer cadáveres (cinco) en Argentina en distintos lugares, a los que se colocó entre las ropas documentos falsos, que tenían el nombre de cinco de los chilenos que demandaba la ONU.

Pero, además [hicieron aparecer] escritos y pancartas donde [dieron a entender que] supuestamente se trataba de una “venganza” del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, es decir que los presuntos exilados se estaban peleando entre sí. Por otra parte se armó un conjunto de informaciones en medios de Argentina, Brasil y México, que debían ser “tomadas” por la prensa chilena -entre ellos el diario El Mercurio- mintiendo sobre enfrentamientos con militares en la zona de la frontera argentino chilena, entre grupos de guerrillas que supuestamente intentaban entrar a Chile, en los cuáles habían muerto alrededor de 60 chilenos, también de la lista de la ONU .

Esta información apareció entre otros medios en el diario O’Día de Brasil, al que se le entregó una buena suma de dinero cuando estaba en quiebra en ese año. En Argentina los hombres de José López Rega publicaron por una sola vez la revista Lea donde la presidente Isabel Perón manifestó estar “asqueada” por la peleas en que “se estaban matando los izquierdistas” chilenos. Cómo se comprobó todo era falso.

Lo cierto es que todos los de la lista estaban desaparecidos en Chile y hasta ahora nadie sabe a quién pertenecían los cadáveres encontrados en la Argentina. Seguramente a algunos de los desaparecidos en este país en tiempos de la “Triple A”.

En el caso de Rwanda, Allan Thompson señala en la presentación del libro que los medios de comunicación, a los que definió como “Los medios del odio en Rwanda [...] jugaron un rol instrumental en el establecimiento de las bases para el genocidio [y] luego participaron activamente en la campaña de exterminación”.

También evaluó el veredicto de culpabilidad emitido por el Tribunal del Crimen Internacional en el juicio a los medios de comunicación en Rwanda y sostuvo que “el propósito de revisar el rol de los medios en el genocidio de Rwanda no es sólo para recordar. Aún tenemos mucho que aprender sobre este particular y examinar la manera en que periodistas y empresas de medios se condujeron durante la tragedia y esto no es solo un ejercicio histórico. Tristemente, da la impresión que no hemos discernido ni entendido completamente las lecciones de Rwanda.”

Todo comenzó aquel 6 de abril de 1994 cuando el avión del presidente de Rwanda Juvenal Habyarimana se estrelló por la acción de un grupo no identificado y el mandatario murió, precisamente cuando se había logrado firmar la paz en Arusha, Tanzania, en 1993, entre una población mayoritaria Hutu y la minoría Tutsi, y había sido enviada al lugar una fuerza de paz internacional.

El 18 de abril de 1994 el país había entrado en el caos. Pero como señala el informe publicado en Canadá, nadie mencionó la existencia de una “tercera fuerza” de opositores extremistas pertenecientes a los Hutu que no aprobaban el acuerdo firmado y no estaban interesados en la paz.

Habría que agregar que estaban movidos por otros intereses. Los medios locales -también movidos por una mano externa- dijeron que los culpables de la muerte del presidente eran los Tutsi y casi de inmediato comenzaron los asesinatos, ya en la misma noche del 6 de abril. Miles y miles de Rwandaneses fueron asesinados por escuadrones de la muerte que lanzaban granadas en todos los lugares y refugios. “Los asesinos cortaban el talón de Aquiles de sus victimas para luego regresar y finalizar su trabajo más tarde. Profesores mataron estudiantes, vecinos asesinaron vecinos” señaló el informe.

“En el año 2003, [en] el veredicto en el Juicio a los Medios de los ejecutivos de la estación RTLM y el periódico Kangura, el Tribunal Criminal Internacional para Rwanda confirmó sin ninguna duda el rol de los Medios privados de comunicación en los asesinatos, (...) demonizando a los Tutsi y acusándolos de poseer inherentemente condiciones diabólicas”, igualando grupos étnicos con “el enemigo y presentando [a] sus mujeres como seductores agentes enemigos, los medios llamaron a la exterminación de los grupos étnicos Tutsi como una respuesta a la amenaza política que ellos asociaban con esta etnia” (Veredicto del tribunal 2003: párrafo 72).

Más aún Thompson estima “que gran parte de la matanza hubiera podido evitarse de no haber sido por el papel jugado por los medios” y que de ”alguna manera ellos encendieron la llama y periodistas internacionales desentendidos de la tragedia tomaban estas informaciones, mientras la mayoría de los medios del mundo hacían silencio sobre Rwanda”.

De esta manera mediante su “ausencia” los periodistas contribuyeron “con el comportamiento de los perpetradores del genocidio, lo cuales fueron empujados por la apatía mundial y actuaron con total impunidad”. Y eso sucedió durante 13 años.

En ese mismo trabajo de Thompson, el General Canadiense Roméo Dallaire, en el comando de las tropas de las Naciones Unidas estacionadas en Rwanda para el momento del genocidio, argumentó que “los medios del odio funcionaron esencialmente como la pista del genocidio y fueron usados como armas de destrucción”. Señala igualmente que los medios de comunicación internacionales “influenciaron los eventos con su ausencia facilitando el proceso cuando los medios del odio localmente fomentaron el genocidio”.

Thompson terminó su trabajo con un grito “de la humanidad” a los periodistas para que asuman sus responsabilidades. “La cruel realidad es que después de todos estos años, escasamente comenzamos a aprender la lección de Rwanda”.

Si he citado la tragedia de Rwanda es para preguntar: ¿qué nos recuerda todo esto, mientras el mundo mira impasible el genocidio que cometen los invasores y ocupantes de Irak contra el pueblo de ese país? En Rwanda los tutsis fueron marcados como el mal y fue suficiente para justificar su exterminio y llevar a una guerra cruel. Irak y Afganistán fueron señalados en la lista de los llamados “ejes del mal”, y los periodistas mayoritariamente se prestaron a la confabulación más grosera de la mentira. Los medios mintieron a sabiendas [de] que cada palabra mataba a centenares de seres humanos. ¿Quién los castiga?

Nunca como ahora el periodismo fue utilizado como un arma de destrucción masiva de infinita reproducción, ya que una sola potencia y sus comerciantes de la información controlan los medios. [...]


Panamá: un hito

En 1989 la invasión a Panamá marcó un hito sobre lo que vendría. La manipulación informativa sobre “las razones” que adujo Estados Unidos para invadir un pequeño país de poco más de dos millones de habitantes, dividido en dos por un enclave colonial que la potencia hegemónica mantenía desde principios del siglo pasado, eran tan increíbles y burdas que aún es imposible entender cómo se paralizó América Latina.

Los medios estadounidenses mantuvieron la atención mundial sobre los sucesos en Rumania y la visión televisiva desde Panamá fueron trazadoras de luces, mientras se cometía la atroz invasión con aviones, barcos, tropas, que salían desde las bases del Comando Sur, es decir desde el propio territorio panameño. Ha sido uno de los actos de mayor cobardía, considerando que Panamá tenía fuerzas armadas incipientes y sin ningún tipo de armas para resistir una invasión incluso mucho menor que la que sucedió.

Hasta hoy el mundo en su totalidad ignora que allí murieron miles de personas, que se arrasó un país sin defensas, sometido antes a una de las más descarnadas campañas de manipulación y desinformación masiva. Esto se continuó con el ocultamiento de las armas de destrucción masiva que se probaron en ese país, al que alguien llamó con toda razón “la Guernica” de América.

También se ocultaron las víctimas, el robo y [la] depredación [por parte] de las tropas estadounidenses, las tumbas colectivas que mucho después aparecieron sin que nada o muy poco se informara en el mundo.

Un jefe de gobierno, el general Manuel Antonio Noriega, fue llevado cautivo a Estados Unidos como prisionero de guerra y juzgado por un tribunal ya preparado para dar un veredicto inamovible, sin posibilidad alguna de defensa, en lo que resultó una burla para la justicia del mundo y la legalidad internacional.

Esto impulsó luego fácilmente la llamada operación “Tormenta del desierto” en 1990-1991, donde se movilizó una coalición internacional para, supuestamente, obligar a Irak a retirarse de Kuwait, empleando varias de las armas y equipos como los aviones silenciosos probados en Panamá.

En ambos casos los medios informativos, con el modelo de la noticia continuada y al momento implantado por CNN, impusieron como verdad única e indiscutible la información que proveía el Pentágono estadounidense, es decir, la mentira elaborada en oficinas cerradas por los miles de publicistas, psicólogos, periodistas, y demás, que trabajan para formatear y dar pautas de acción psicológica que lleven a captar “mentes y corazones” a nivel nacional (Estados Unidos) y mundial.

La llamada Guerra del Golfo fue transmitida por los medios estadounidenses como CNN, y el resto de los medios masivos se habían convertido en simples repetidores a nivel mundial. Es decir [que] Estados Unidos y sus asociados podían actuar con las manos desatadas y sin ningún control, porque los medios masivos de comunicación en el mundo, salvo raras excepciones (que además sólo tienen un escaso radio de influencia), transmitían los partes del Pentágono, conformados como información.

De esta manera, todo el dispositivo de propaganda que Estados Unidos armó durante la Guerra Fría, cuando lo usaba para su combate con la entonces Unión Soviética, fue globalizado, y después de la caída de la URSS, simplemente, sin competencia alguna, sin ninguna contención, avanzó sobre el mundo.

El estudio de todo lo realizado por los medios masivos de comunicación, por el periodismo ”bien pagado”, por los periodistas cooptados ya sea por salarios o incentivando su vanidad con premios sustanciosos, o por el hecho de ser publicitados como “los mejores” por ese poder mundial, nos pondrían ante una verdadera galería del horror.

Ese poder siniestro y sigiloso está a la caza de periodistas -y nunca como en estos tiempos- que bien le sirvan para echar a andar con “palabras que matan” el plan de muerte y desolación.

[...]

Uno de los planes estratégicos prioritarios fue apoderarse de todos los medios masivos de comunicación concentrados bajo un poder central y asegurarse el control absoluto de las nuevas tecnologías. Esto significaba asegurar el primer golpe de la guerra que ya en los años 90 se trazaba como lo que es ahora, sin límites, sin fronteras, sin legalidad alguna.

Como lo han señalado varios analistas, entre ellos Thierry Meyssan, en Francia, bien sirvió el concepto de “información continua” por la forma en que difunde imágenes en forma inmediata y esto hace que los televidentes crean que están absolutamente informados, cuando sólo se le muestran hechos registrados al momento, pero ya manipulados en la forma como se registran y en la elección del lenguaje que oculta la desinformación.

El espectador común piensa “lo estamos viendo en directo no es falso, porque lo estamos viendo en el momento en que sucede” pero por supuesto es una sensación falsa y trágica.

En realidad esto lo pone ante un hecho que sucede en un lugar o en otro, pero no sabe que hay detrás, cuál es el contenido real de lo que está viendo aparentemente “in situ”. Como dice Meyssan “esto es la negación del periodismo” un oficio que “de hecho consiste en distanciarse de un acontecimiento para analizarlo, seleccionar los hechos más relevantes, confirmar las fuentes, verificar las imputaciones y emitir un criterio”.

El periodismo no es una técnica de descripción, sino un arte de la comprensión. “Lejos de garantizar la verdad, la inmediatez la hace vulnerable a las apariencias y a los prejuicios”.

Si se añade que “esa información continua” está en manos del mismo poder que mata, entonces lo que vemos es en general una visión deformada al minuto por los esquemas en que se orienta el tipo de información que se dará.

Que hay fugas, las hay, pero son infinitamente menores a lo que logrará el equipo mundial de desinformación en su tarea de ocultar y deformar la realidad.

El ocultamiento, silencio, olvido y complicidad en lo actuado contra la ex Yugoslavia, facilitó el camino hacia las operaciones «Libertad Infinita» contra Afganistán, cuya invasión y ocupación aún sigue siendo un agujero negro en la información, ya que ni siquiera existe una movilización de derechos humanos ante los terribles crímenes de lesa humanidad cometidos y que se siguen cometiendo contra esa población. La cortina de silencio sigue allí, tapando el crimen sobre el crimen.

La invasión a Irak bajo el argumento de liberar ese país de “una tiranía” que a su vez amenazaba al mundo “con armas de destrucción masiva” y alimentaba al terrorismo, todo lo cual era falso, pareció vivirse minuto a minuto.

El reconocimiento de que estos argumentos eran falsos no paró ni la ocupación ni la destrucción masiva de ese país, donde ya rondan casi el millón de muertos, sin contar los miles de discapacitados, huérfanos, mujeres violadas, refugiados. En el 2003 no había nación en el mundo que no supiera que Irak estaba fundido, por el brutal bloqueo que llevaba más de una década. Las armas eran obsoletas para resistir semejante ofensiva.

Aunque como siempre les ha sucedido, la mentira también los engañó a los ocupantes que nunca imaginaron una resistencia cómo la que desarrolló el pueblo iraquí en su conjunto.

Cualquier analista de medios debía preguntarse: ¿no es curioso que el pueblo iraquí que resiste a la mayor potencia del mundo y sus poderosos aliados que cuentan con ejércitos de mercenarios para los trabajos más sucios, no pudo derrocar a un dictador, si consideraba así al gobierno de Saddam Hussein?

Otro ejemplo cercano de la criminalidad de los medios de comunicación al servicio del nuevo esquema de seguridad estadounidense se vio en Venezuela, cuando durante el golpe de Estado de abril de 2002, financiado por organismos de seguridad de Estados Unidos y dirigido desde Washington contra el presidente Hugo Chávez de Venezuela, los medios privados masivos de comunicación fueron no sólo el ariete que abrió el camino a los golpistas, sino que participaron activamente minuto a minuto en este hecho, que dejó decenas de víctimas.

Un estudio realizado por diversos investigadores de Europa y América Latina se convirtió en un verdadero modelo de laboratorio de observación del papel cumplido por los medios en ese país, que nunca fueron castigados a pesar de que su actividad dejó innumerables víctimas y un golpe a los difíciles intentos realmente democráticos del continente. También en Venezuela, en este año 2007, los grandes medios y sus repetidores convirtieron la simple decisión legal del gobierno de Chávez de no renovar la concesión a una señal de televisión de RCTV -un monopolio que sigue utilizando una buena parte del espacio radioeléctrico venezolano y es dueño de una cantidad de otros medios, radios, prensa escrita, canales de cable, empresas de telenovelas- en un cierre que “atenta contra la libertad de expresión”. Sin más información que ésta ,repetida por todos los medios asociados, un grupo de senadores en Brasil condenó la decisión del gobierno venezolano, violando el respeto a la autodeterminación de los pueblos con un paso de injerencia inadmisible sobre un país hermano. Nadie se preocupó en conocer la raíz de la cuestión.

Pero si consideramos que esta campaña mediática tenía como finalidad tratar de que la Organización de Estados Americanos (OEA) condenara al gobierno de Chávez -como se vio en los intentos de Estados Unidos en la reunión de esa organización- se podría considerar que se estaba apoyando el camino de una intervención mayor sobre Venezuela, con las consecuencias que se derivaran de esto.


Impunidad

Estamos constantemente hablando de estos sucesos, de temas como las consecuencias de la enorme concentración del poder en los medios de comunicación. Tenemos cifras, datos incuestionables, denuncias que vienen desde hace tiempo en distintos congresos, pero en este punto es escasa la reflexión sobre qué hacer frente a esta ofensiva mediática. [...]

Es en estos momentos donde se puede ver con mayor claridad cómo se ha logrado anular la conciencia de buena parte de las sociedades, en especial de las clases con mayor poder de consumo. Pero también existe impunidad en el tipo de programaciones similares que impusieron los medios privados. Estos programas se diseñan en las oficinas mismas donde se trazan las contrainsurgencias, las políticas de control, que incluyen todo tipo de espionaje, como el electrónico, entre otros.

Desde esas oficinas en Washington se diseñan programas de destrucción cultural para los pueblos de aquellos territorios sobre los que se han elaborado planes de reconquista colonial, como sucede con América Latina y otros países del llamado Tercer Mundo.

Por una parte la impunidad protege a todos esos medios y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que no es nada más ni nada menos que una asociación de dueños o testaferros de los verdaderos dueños de los medios masivos de comunicación, es la encargada de dar el primer paso cuando Washington realiza una embestida sobre algún gobierno “inconveniente” a sus intereses.

La SIP también es responsable de los crímenes de lesa humanidad que se han cometido contra los pueblos del continente, así como de intervenciones militares y de la implantación de dictaduras. Un libro blanco sobre su actuación en el continente a partir de su alianza con la CIA de Estados Unidos sería una verdadera galería de horrores.

Entre los programas de destrucción cultural o de experimentos para convertir a una sociedad en fácilmente manejable para los fines coloniales o neocoloniales podemos ver algunos de gran difusión a lo largo de toda América en estos tiempos, pero que también alcanzan a los países del llamado Primer Mundo. Un ejemplo de esto son las telenovelas de facturas degradantes o programas como “Gran hermano” o el famoso “Bailando por un sueño”.

Gran Hermano no es sino una experiencia similar al encierro de un grupo de ratas en una enorme caja en el espacio de un laboratorio para estudiar cómo sobreviven, los mecanismos de esa sobrevivencia, la desesperada carrera por [...] ganar espacios. [...]

En Gran Hermano como en Bailando por un Sueño, se enseña que toda humillación vale si alguien puede ganar algo. No importa cuanto se degrade cada uno de los participantes.

Después de todo el colonialismo se implanta mejor y sin mayores problemas sobre una población acostumbrada a la humillación o degradada al punto de la inmovilidad. El “buen aliciente” es la competencia brutal. El que juega a ganar y abandona todos sus principios de convivencia y solidaridad, gana. No importa en ese juego lo que haya que hacer, ni las humillaciones a las que un ser humano es sometido festivamente. Instalar apetencias por una fama que dura lo que una vela encendida es un modelo del sistema.

Sin embargo también hay que decir algo sobre lo que no se habla.

Y es la fuga de información de ese sistema orwelliano de control que ejercen Estados Unidos y sus socios. El fracaso de ese gran aparato del poder se ha visto en América Latina, donde la ola de transformaciones políticas y sociales logran vencer los mecanismos de la contrainsurgencia mediática brutal que se nos aplica.

Si ese conglomerado de medios en manos de la potencia que se revela como una dictadura mundial, y practica el terrorismo de Estado a nivel universal, hubiera sido tan efectivo en su accionar no tendríamos presidentes como Hugo Chavez, Evo Morales, Rafael Correa, sólo para citar a los que estuvieron en la línea de ataque más duro de la Guerra de Baja Intensidad mediática de los medios masivos en los últimos años.

Es una necesidad histórica exponer ante el mundo cómo ese temible aparato de poder fue vencido por la voluntad simple de los pueblos, muchos de los cuáles están a salvo de la brutalidad de la información para la guerra y el control, gracias a que han mantenido sus antiguas culturas, valores, principios.

Nadie creía -y especialmente entre algunos intelectuales, cuya brújula se disloca con bastante frecuencia en estos tiempos- que Morales pudiera vencer el aparato mediático que lanzó campañas sucias como bombas sucias se arrojan sobre Irak o Afganistán.

Cuando Correa expuso su presidencia jugándose en el plebiscito constituyente estaba para muchos “jugando con fuego”. Lo que no sabían y no conocían es el fuego de abajo, el que se enciende al chispazo de miles y miles de pies que caminan sobre la carreteras y caminos de nuestra América.

Los mismos que bajaron por los antiguos senderos indígenas en Ecuador, una y otra vez, y marcaron el hito histórico de derrumbar sin violencia, sólo con multitudes, a tres presidentes que incumplieron la voluntad popular y que contaban -en todos los casos- con el apoyo del Imperio.

¿Fue analizado esto debidamente o se dejó pasar como una alborozada anécdota en este camino latinoamericano de realidades mágicas y mágicos realismos?

La acción popular venezolana en abril de 2002 produjo un hecho único en la historia de América Latina y el mundo: la restitución a su cargo de un presidente tomado prisionero y destituido por un golpe pagado, armado y dirigido por Estados Unidos.

En menos de 48 horas el presidente Hugo Chávez fue restituido por la voluntad de un pueblo que multitudinariamente salió a las calles con una Constitución en las manos, y por la decisión de un fuerte sector del ejército venezolano que se puso junto al pueblo en esas circunstancias.

En este caso la manipulación no viene por el derroche de palabras, sino por el silencio. ¿En cuantos medios europeos y latinoamericanos se contó esta historia? ¿En cuantos medios europeos se habla sobre la verdad de lo que sucede en América Latina?

De eso se trata también.

El silencio sobre hechos de vida y dignidad tiene el mismo objetivo que la palabra usada para invadir, matar, torturar o cometer genocidio en nombre de la democracia. En estos tiempos los pueblos deben recuperar la voz y la palabra y poner en su lugar a los fariseos del periodismo, al periodista que se presta por dinero o vanidad a obedecer los mandatos de un poder asesino.
El campo de concentración de Guantánamo, las imágenes de los hombres con los ojos vendados, arrodillados, atadas sus manos, las imágenes de Abú Graibh y otras son el límite conque un hombre, un ser humano, un periodista, pueden demostrar si eligió por usar la palabra para justificar esos crímenes o tomó el camino de la defensa de la humanidad, en toda y cada una de sus circunstancias.



► Fuente:

• [ Rebelión ]

24 de julio de 2007

0

[Video] Antes del '59

Viví en el monstruo y le conozco las entrañas; y mi honda es la de David.

José Martí


El 28 de abril de 1823 John Quincy Adams, que dos años más tarde se convertiría en presidente de los Estados Unidos, le dio estas instrucciones a su embajador en España: «Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices naturales del continente norteamericano y una de ellas, la isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser por multitud de razones de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión. Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta años, casi es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra república federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad.» Con aquellas inequívocas palabras se iniciaba para el pueblo cubano una pesadilla que, casi dos siglos después, todavía perdura.

El DVD que hoy comento, Antes del 59, trata de esa pesadilla, sin la cual resulta imposible entender los pormenores del nacimiento de Cuba como nación soberana al principio del siglo XX y de su ineludible destino revolucionario. [...] Dirigido por Rebeca Chávez, se inicia con imágenes de finales de 1958, cuando ya está a punto de terminar la guerra de guerrillas, y tras una emocionada lectura en la que la voz de Fidel Castro desgrana las palabras martianas puestas en exergo al principio de esta reseña, salta en un flashback hasta el conocidísimo episodio del Maine, que cambió el signo de la guerra de independencia y sumió a la isla en cincuenta y siete años de neoesclavitud, tras lo cual la narración avanza en sentido cronológico. [...] Sin duda alguna, tras el visionado de este DVD, el espectador –cubano o no cubano– terminará con una idea muy certera y cabal de por qué, cómo y cuándo sucedieron los hechos que desembocaron en el triunfo de la Revolución. Las líneas que siguen sólo pretenden ser un comentario de las imágenes, que hablan por sí mismas, al filo de la historia.

En el ocaso del siglo XIX el Estado español era ya un cadáver ambulante y su poderío colonial estaba a punto de sucumbir en América a manos del ejército mambí. Todo habría podido desarrollarse de acuerdo con el guión de no haber sido por el prematuro fallecimiento en 1895 de José Martí –el ideólogo, el delegado, el maestro, el presidente, lo llamaban– y por la ambición neocolonialista del coloso del norte, que no había olvidado las palabras de Adams 75 años atrás. En efecto, los Estados Unidos, tras haberse apoderado a lo largo del siglo XIX de todo el territorio continental que ahora ocupa, necesitaban nuevas fuentes de materias primas, mano de obra barata y áreas de inversión para sus capitales sobrantes. Como por casualidad, Cuba cumplía con las premisas económicas de tales ambiciones y, además, estaba situada en el camino hacia un canal, el de Panamá, cuyo objetivo primordial iba a consistir en facilitar el paso de los barcos del incipiente imperio desde el Atlántico al Pacífico. Para el espectador occidental, acostumbrado a que en el cine hegemónico le cuenten fábulas inverosímiles de héroes yanquis que ayudan a sus semejantes por el mero gusto de hacer el bien, el impecable análisis materialista que aquí se hace de aquellos hechos puramente monetarios de la historia resulta sencillamente irresistible, y ello incluso si el soporte fílmico ahora digitalizado es de baja calidad, en blanco y negro y carece de la maravillosa realidad virtual de las modernas imágenes sintetizadas al ordenador. A lo largo de estos cuatro documentales, los unos mejores que los otros, la historia prerrevolucionaria del pueblo cubano fluye con esa sensación reivindicativa de las verdades que se escupen con insolencia y que, por una vez –bendita vez–, no surgen desde las cámaras desinformadoras del monstruo Goliat, sino desde un país que cuenta sin miedo «su» versión y contrarresta con argumentos irrebatibles las mentiras del imperialismo. Sí, la honda de Cuba es la de David.

Y así, una vez establecido el porqué los Estados Unidos ambicionaban Cuba, asistimos con pelos y señales al crimen de guerra que los Estados Unidos se infligieron a sí mismos –los documentos al apoyo de dicha afirmación fueron desclasificados no hace mucho por el Pentágono– al dinamitar uno de sus barcos en la bahía de La Habana (el Maine, donde murieron 266 tripulantes, carne de cañón de su propio gobierno) con la única finalidad de acusar a la agónica España del atentado, declararle la guerra, ganársela y quedarse con la isla. El botín que obtuvieron no era, desde luego, el paraíso terrenal para los cubanos, pues tras cuatro siglos de asentamiento en la perla de las Antillas, y para vergüenza de quienes todavía estudian con ojos benevolentes el antiguo estado colonial español, el espectador aprende aquí unas cifras estadísticas que hielan la sangre: de los 1.572.797 habitantes censados que Cuba tenía en 1898, 950.000 estaban desocupados, 890.000 eran analfabetos, había dos veces más policías que maestros y tres veces más policías que médicos.

Una vez ganada fácilmente aquella guerra, a la que a última hora los Estados Unidos le cambiaron el nombre con su habitual desfachatez, pues de ser una dignísima guerra de independencia pasó a ser conocida como hispano-norteamericana, todo les resultó fácil. Tras cuatro años de ocupación militar y una vez disuelto el ejército de los mambises –los auténticos héroes del conflicto–, el imperio instaló una República con leyes hechas a su medida que le permitían intervenir militarmente a su guisa, amén de asegurarse el control del tabaco, el azúcar, la minería, el ferrocarril, tierras en propiedad –la base de Guantánamo–, la banca… es decir, todo el aparato económico. Para mayor escarnio, lo hicieron reservándose el papel de salvadores y amigos entrañables del pueblo cubano.

El primer cuarto del siglo XX transcurrió con presidentes fantoches que le hacían el caldo gordo al imperio mientras la miseria seguía en aumento y fomentaba la insurrección. En 1925, al calor de la reciente revolución rusa, Julio Mella creó la Federación Estudiantil Universitaria (la FEU, donde años más tarde iniciaría su labor activista un jovencísimo Fidel Castro) y el Partido Comunista de Cuba, pero no tardó en ser asesinado en México por orden del entonces presidente cubano Gerardo Machado. Sin embargo, el mero hecho de la existencia de Mella en aquella sociedad rígidamente dividida en ricos y pobres daba a entender que la semilla libertaria de José Martí seguía vigente. En 1933, tras grandes desórdenes callejeros y huelgas revolucionarias, cayó el presidente Machado –otro payaso más de una larga lista– y triunfó el golpe de estado de los sargentos, que desde luego no arregló la situación, pues entre ellos se encontraba una figura clave de la Cuba poscolonial, Fulgencio Batista, quien desde entonces, ¡durante veinticinco años!, pasó a controlar el país hasta el triunfo de la Revolución, bien como jefe del ejército o como presidente en su última etapa. Bajo su mandato se acrecentó la dependencia cubana con respecto a los Estados Unidos, se institucionalizó el gangsterismo (una de las escenas documentales, tomada en directo, es digna de El Padrino), la corrupción se volvió galopante y la caza de brujas del maccarthysmo se reflejó en la isla con múltiples asesinatos de izquierdistas (Antonio Guiteras y Jesús Menéndez fueron los más destacados de una larga lista). Pero aquella situación insufrible dio lugar, en contrapartida, al nacimiento de una generación de jóvenes revolucionarios, varios de ellos conscientemente marxistas, capitaneados por Fidel Castro y su hermano Raúl, que tomaron en sus manos la vieja antorcha de Martí en el año de su Centenario. El resto es de sobra conocido: el fracasado asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, que se saldó con una represión brutal; el encarcelamiento de sus dirigentes y su posterior amnistía; México, el Che, el desembarco del Granma, la Sierra Maestra, Camilo Cienfuegos, la lucha clandestina en las ciudades, Frank País, Celia Sánchez, los bombardeos indiscriminados de civiles por parte del ejército batistiano con material bélico procedente de la base de Guantánamo y, por último, con la ayuda impagable de la población, la victoria definitiva del ejército rebelde pese a su inferioridad numérica y armamentista.

De entre las muchas imágenes impresionantes que aquí se ven, me gustaría destacar dos secuencias. [...] Ambas están relacionadas con un episodio acaecido en 1949: durante una de las visitas «amistosas» de los barcos de guerra estadounidenses a La Habana, las tripulaciones aprovecharon para hacer uso del gran centro de diversión que era entonces la capital y un grupo de marines armó una gresca nocturna ante el monumento a José Martí que hay erigido en el Parque Central. Todo empezó cuando uno de ellos, completamente borracho, se encaramó hasta lo alto y se sentó sobre la cabeza del prócer. La juventud cubana que andaba por allí, ofendida, se les enfrentó y, como era de esperar, los causantes del alboroto terminaron detenidos por la policía. Pero a la mañana siguiente –en gesto de buena voluntad, según se dijo– los presuntos culpables fueron entregados a las autoridades militares estadounidenses y la afrenta quedó impune. La indignación que se suscitó en Cuba ante una actitud tan servil por parte de un gobierno supuestamente soberano al que le acaban de ultrajar el símbolo de su independencia fue mayúscula y los radicalizados estudiantes habaneros se echaron a la calle. Pronto hubo disturbios en la Universidad e intervención represora de las fuerzas de seguridad. Pues bien, la primera de las dos secuencias a que me refería más arriba procede de dichos disturbios: se trata de una toma en directo, con cámara al hombro en el fuego de la acción, y en ella, con el plácido y majestuoso contrapunto del Adagio de Albinoni como único fondo sonoro, se ve la enmudecida algarabía de los estudiantes que bajan corriendo por las escalinatas frontales del Alma Mater en lo que constituye una cita inesperada y sin duda casual de la célebre escena de las escalinatas de Odessa en El acorazado Potemkin, de S. M. Eisenstein. Los reporteros anónimos que tomaron tales imágenes no pudieron ensayar con actores ni tuvieron tiempo alguno para pensar los planos como el maestro de Riga y esta filmación de la barahúnda estudiantil que baja como un río desbocado carece de la grandeza épica inherente a la película soviética, pero deja en la retina una sensación de déjà vu que constituye en sí misma un maravilloso homenaje estético al arte del cine. En la otra secuencia, ésta de carácter ético y ante la cual el espectador no sabe si reír o llorar, aparece el «honorable» embajador de los Estados Unidos en Cuba –un tal Robert Butler–, quien sin duda ante el cariz que habían tomado las protestas populares se presentó ante los medios y, evidentemente en inglés (faltaría más), empezó a pedir disculpas al pueblo cubano por la profanación de la estatua de… ¿de quién? ¡El infeliz no lo sabía! Por fortuna, su aturdido desconcierto –se lo ve retirarse fuera de campo con el rabo entre las piernas tras no haber podido pronunciar el nombre de José Martí– quedó filmado por el implacable ojo de la cámara fija y pasará a la posteridad como uno de esos momentos cinematográficos imprescindibles del género documental. La prepotencia de los auténticos amos de aquella Cuba quedó así al descubierto: la isla era para ellos un inmenso negocio, no la tierra de un pueblo soberano con una cultura, una lengua, unos sentimientos propios y unos héroes venerados que como mínimo merecían el respeto de conocer su existencia. ¿Habría entendido acaso aquel diplomático de pacotilla si el embajador cubano en Washington, ante un caso similar, hubiese ignorado no ya la existencia, sino el mismísimo nombre de Thomas Jefferson? Es curioso que hoy en día, más de cincuenta años después, las cosas no hayan cambiado mucho en la cúpula del imperio, que con ensoberbecida incultura sigue sin tomarse la molestia de estudiar los símbolos de sus súbditos o de aprender el apellido de los dignatarios que les sirven de coro, como demostró el presidente George W. Bush al referirse a José María Aznar –un fiel palafrenero de Washington en la guerra sucia de Irak– como Ánsar, apelación que en España se le ha quedado pegada a la piel y que circula en centenares de chistes por el ciberespacio.

Pero toda esclavitud nunca aceptada tiene su día de libertad y, tras el triunfo de la Revolución, en un acto multitudinario ante las masas, un festivo Fidel Castro en plena forma oratoria proclamó: «Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder. No será como en el 95, que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto, que intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García, que había peleado durante treinta años, no lo dejaron entrar en Santiago de Cuba. No será como en el 33, que cuando el pueblo empezó a creer que una Revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la Revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años. No será como en el 44, año en el que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder y los que llegaron al poder fueron los ladrones. Ni ladrones, ni traidores ni intervencionistas, esta vez sí que es la Revolución…».

Sí, fue la Revolución, el sueño de José Martí convertido en realidad, pero al igual que en el tango de Gardel, mientras el músculo cubano se disponía por fin a dormir tranquilo en el silencio de la noche después de tanto sufrimiento, la ambición del gigante norteño siguió trabajando para poner en peligro aquella patria al grito de guerra. La pesadilla no había terminado.







► Fuente:

• [ Rebelion.org ]

23 de julio de 2007

0

Mundial Sub 20

¡¡ARGENTINA CAMPEÓN!!









► Fuentes:

• [ Fifa ]

• [ Infobae ]

21 de julio de 2007

2

Homenaje a Fontanarrosa

Roberto Fontanarrosa (1944-2007)





► El homenaje en los diarios:


Clarín

Sendra


Langer y Mira



La Nación

Liniers


Nik



Página 12

Rep




► Ápice de su legado:





















► Fuentes:

[ Página Oficial de Fontanarrosa ]

• [ eBlog ]

0

Imagine

Imagine no es sólo una canción. Imagine es la cristalización de un sueño. De un sueño que no es propio y exclusivo de John Lennon, sino que es un sueño colectivo, compartido por millones de personas [tal como dice en su canción: "You may say I'm a dreamer, but I'm not the only one"]. Es el sueño de un mundo sin guerras ni religiones, sin paraísos ni infiernos, sin propiedades ni países. Un mundo regido por un sistema económico que no permita que el hambre ni la envidia tengan lugar. Al fin y al cabo, Imagine no deja de ser un ataque al sistema capitalista. Incluso, recordemos que su autor la definió como "una canción anti-religiosa, anti-nacionalista, anti-convencional y anti-capitalista, pero que, como está cubierta de azúcar, es aceptada". [1]



¡¡GRACIAS JOHN!!



► Fuente:

[1] • [ Rolling Stone. Lennon Lives Forever: John Lennon. Escrito por Mikal Gilmore. Sitio consultado el 20/07/2007. ]



Letra de Imagine:

Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today...

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will live as one