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29 de enero de 2008

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Entrevista a Ignacio Ramonet


Ignacio Ramonet es desde 1991 redactor jefe del mensual Le Monde Diplomatique. En 1997 dio pie con su artículo “Quitad el poder a los mercados” a la fundación del movimiento internacional Attac. Fue uno de los iniciadores en 2001 del primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, co-firmando en 2005 el Manifiesto de Porto Alegre. El pasado 12 de enero participó en el Simposio Rosa Luxemburgo en Berlín con una conferencia sobre el fracaso del “cuarto poder”, exigiendo mayores esfuerzos para la construcción de medios de comunicación resistentes para el movimiento anticapitalista. Marie Dominique Vernhes y Peter Strotmann le entrevistaron para el semanario alemán de izquierda Freitag.


En el Foro Social Mundial de 2006 dijo usted que habría que hacer fracasar el proyecto militar estadounidense. Era necesario a fin de crear un margen de maniobra suficiente, sin la existencia del cual todo progreso social y democrático resultaría vulnerable. ¿Sigue opinando lo mismo, dos años después?

En principio, sí. Por otra parte, ahora surgen procesos que ya eran importantes en 2006, y que ahora tienen una más robusta presencia. Ahora vemos más claramente que entonces el fin la era del petróleo. Tenemos petróleo para quizá todavía 40 ó 60 años. Esta materia prima llegará en el futuro a alcanzar un precio tal, que sólo unos pocos países podrán permitirse mantener un suministro energético fundado en el petróleo. Eso se convertirá en una cuestión estratégica, como se pudo ver en los pasados años.

Finalmente, el dominio militar del mundo por parte de EEUU está determinado por el control del petróleo. Por eso están los EEUU en Oriente Próximo y en África, por eso están en pugnaz hostilidad con Venezuela y Rusia. Existe el peligro de nuevas guerras futuras por el petróleo.

Un segundo tema del que ya éramos conscientes es el de la crisis ecológica. Las consecuencias del cambio climático son más drásticas de lo previsto. Eso obliga a repensar radicalmente el suministro energético, obviamente en el sentido de las energías renovables, pero en algunos países también en el sentido de la energía nuclear, con todos los peligros resultantes de ello para la humanidad.

¿Cómo valora usted el espectacular auge de algunos países del Sur?

India y China no sólo representan una buena tercera parte de la población mundial. Si además añadimos Brasil, Sudáfrica y Rusia, se ve entonces que el peso económico de ese grupo de Estados como motor de la economía mundial ha llegado a ser mayor que el de EEUU. Esos países están en vías de disponer de fondos soberanos estatales que los pondrán en situación de actuar sobre el núcleo mismo de la globalización. En mi opinión, entonces, se planteará más temprano que tarde la cuestión de una vuelta al proteccionismo. Si países como China o la India, pero también Corea del Sur, Malasia o Indonesia se convierten en la fábrica del mundo, apenas podrá seguir exportándose algo allí, por mucho que esos Estados representen las nuevas potencias económicas que podrían comprar algo. ¿Qué pasará entonces con las industrias de los países desarrollados de Occidente?

A fin de cuentas, se trata de un peligro que conocemos de hace tiempo, pero que nunca valoramos con la urgencia con que ahora se plantea con el crac de los mercados de valores en EEUU. La crisis hipotecaria tiene consecuencias para los grandes bancos norteamericanos, que ahora tienen que ser salvados con fondos soberanos estatales, sobre todo de los países árabes. Puesto que también los bancos en Alemania y en Suiza se ven afectados, se plantea la cuestión de si lo que está en puertas es una recesión económica mundial. ¿Podrían convertirse China, India y otros en el motor de la economía mundial, si el motor de EEUU falla? Si tal no ocurriera, tendríamos una crisis económica de alcance planetario.

¿Ve usted síntomas de decadencia también en el potencial militar de EEUU?

En este aspecto los EEUU son todavía el número uno. Pero Oriente Próximo revela que su poder militar no les consiente ganar guerras asimétricas: los EEUU no han logrado ganar la guerra de Irak. Tal vez consigan mantener en jaque a Irak, pero estas cosas nunca se sabe cómo terminan. Los norteamericanos tampoco pueden ganar la guerra en Afganistán. Israel no puede ganar la guerra contra los palestinos, al menos no militarmente, aunque acaso sí políticamente. Lo que se aprecia en esa región del mundo es que la superioridad militar no lleva forzosamente a la victoria militar.

¿Lo que significa...?

Significa que EEUU no marchará contra Irán. Tal vez lo bombardeen, pero no lo invadirán, como a Irak, con tropas terrestres. Significa también que los norteamericanos quedarán tan agotados con todos esos conflictos que no podrán permitirse por un cierto tiempo aventuras militares importantes. Por lo demás, Rusia está otra vez en vías de convertirse en una potencia militar de rango mundial relevante. Vemos, pues, que, desde el punto de vista del balance militar, y tras un orden unipolar, está apareciendo de nuevo una relación de fuerzas multipolar.

En esas circunstancias, ¿cómo pueden seguir desarrollándose los movimientos sociales, y en particular, qué futuro aguarda a los Foros Sociales Mundiales?

Desgraciadamente, los movimientos sociales internacionales son por ahora incapaces de encontrar una forma de conexión reticular que les permita actuar más a la una. No se está en condiciones de fijarse objetivos que vayan en la misma línea.

¿Y eso les impide a los movimientos sociales responder adecuadamente a la situación actual?

En efecto. Porque hemos atravesado distintas fases. La primera consistió en definir la globalización. A mediados de los 90 todavía no existía el movimiento, porque no sabía contra qué luchar. Fue preciso que muchos intelectuales y muchas fuerzas políticas definieran conjuntamente al enemigo; el enemigo era la globalización.

En la segunda fase se juntaron todos quienes, sin acaso saberlo, luchaban contra la globalización, en el Sur y en el Norte. Se consiguió eso. Se tiene evidentemente la impresión de que esos éxitos –señaladamente, la fundación del Foro Social Mundial— han acabado por paralizar al movimiento. El movimiento es hoy –potencialmente— fuerte, como nunca antes. Es, a escala planetaria, la única fuerza en alguna medida organizada que resiste a la globalización, pero no sabe qué hacer con esa fuerza. Se desperdician oportunidades, al menos yo lo veo así. Hoy estaríamos en condiciones de llevar a cabo luchas a escala mundial. Recuerde sólo las grandes manifestaciones contra la guerra de Irak.

Ha llegado la hora de que movimientos como el del Foro Social Mundial dejen de ser sólo movimientos exitosos de resistencia y entren en una nueva etapa, con otras formas de lucha.

¿Por qué lo dice con tanto énfasis?

La ofensiva ideológica de la globalización prosigue. Podemos constatar que el movimiento ya no amedrenta a los dominadores. Apenas hablan ya de él. Desde que Attac entró en crisis en Francia, la prensa francesa apenas habla ya de Attac. Tampoco se habla ya del Foro Social Mundial. A nosotros nos preocupa ese silencio, porque demuestra que los otros han ganado la batalla, y desde luego, a causa de la dispersión. Por eso creo yo que las organizaciones principales que constituyen el Foro Social Mundial están obligadas a plantearse la pregunta: ¿Qué será de nosotros? ¿Qué debemos hacer?

A todo eso, la cuestión de la toma del poder resulta esencial. Todo el movimiento se ha formado en la idea básica de que puede tratarse de tomar el poder. Yo me pregunto si eso sigue siendo hoy valedero. La experiencia en América Latina muestra que, con el poder en la mano, algo se puede lograr. Desde luego eso es en Europa más difícil, debido a la camisa de fuerza que es la Unión Europea.

Con la palabra América Latina va hoy, quieras o no, el concepto del ”Socialismo del siglo XXI“. ¿Es una alternativa?

Es, por lo pronto, una obra en construcción. El propio Hugo Chávez, que lanzó ese concepto, no podría dar una definición de socialismo del siglo XXI, si se le preguntara. El mismo Fidel Castro dice que el socialismo se halla hoy en una crisis, lo que hace que haya distintas nociones del mismo. Él es muy consciente de eso, como pude comprobar en mis conversaciones con él.

Chávez está en claro respecto del hecho de que, en un proceso de transformaciones políticas, llega un momento en que hay que pasar de la práctica a la teoría. Es exactamente lo que hizo Marx: el capitalismo existía ya, cuando Marx definió lo que es capitalismo. Ya había movimientos revolucionarios, cuando Lenin elaboró teóricamente las observaciones sobre sus luchas, lo mismo que hiciera Marx con la Comuna de París.

Chávez procede del mismo modo: en América Latina lo que impera hoy es sobre todo la vitalidad de los movimientos de base, no la de los partidos políticos. Chávez no fue elegido por un partido político (la socialdemocracia estaba y sigue estando contra él). Son las organizaciones de base con su proteica multiplicidad en los barrios o en las regiones, son mujeres, hombres, los indígenas con sus correspondientes reivindicaciones. Son ellos quienes han ayudado a triunfar a personalidades como Chávez o el nuevo presidente ecuatoriano Rafael Correa. Este tipo de políticos se vinculan con los movimientos sociales, dándoles así la posibilidad de tener audiencia y de introducir reformas, por ejemplo, en materia educativa y sanitaria. Pero llega un momento en que eso no puede ya seguir siendo un instrumento estable. Hay que pasar a la teoría y preguntarse: ¿qué conservamos de todas esas experiencias? El resultado es el Socialismo del siglo XXI.

Sobre el cual, empero, todavía no se sabe gran cosa...

... no necesariamente. Tendríamos que contemplar los diez años hasta ahora transcurridos de Revolución Bolivariana, así como la situación mundial antes descrita, con sus aspectos ecológicos y energéticos. ¿Cómo podemos elaborar conjuntamente todos esos elementos en un esquema teórico que no sólo tenga validez para Venezuela, sino para la entera humanidad? El resultado es, de nuevo, el Socialismo del siglo XXI.

El proceso en el que ahora nos hallamos va más allá de la situación que teníamos con el Subcomandante Marcos y los zapatistas en México. Marcos jugó un papel extremadamente importante en cuanto a convencer a muchos resistentes del mundo de la necesidad de unirse. Dio un impulso muy importante en esa dirección, lo mismo que Pierre Bourdieu en Francia, o Noam Chomsky, o el movimiento sindical, o Le Monde Diplomatique, o Attac. Pero llega un momento en que hay que pasar a una nueva fase. Cuando se fetichiza la idea de que los movimientos sociales son lo único que puede actuar efectivamente, entonces el movimiento se paraliza.

Usted ha conversado mucho con Fidel Castro, ya ha escrito un libro resultado de esas conversaciones. En su opinión, ¿qué experiencias cubanas habría que admitir, y cuáles evitar?

Habría que evitar, por lo pronto, la confrontación con la primera potencia de la Tierra. Eso es, claro está, dificilísimo, pero cuando uno está expuesto a un bloqueo de los EEUU, las restricciones consiguientes hacen la vida muy difícil. También habría que evitar el que sólo estuviera permitido un único partido. Digna de imitación me parece, en cambio, toda la política social. Pero no sólo ella: hay una política de constante consulta a los trabajadores. En Cuba hay pleno empleo. Las cooperativas surgen con toda libertad, especialmente en el campo.

Cuba es un país muy pequeño que no está en condiciones de vivir autárquicamente, y ha padecido a lo largo de su historia tres dependencias: de España, primero, luego de EEUU y luego, y aun siendo harto distinta, la de la URSS. Yo creo que los cubanos lo que quieren es dejar de ser dependientes. Quienes hablan ahora de una dependencia respecto de Venezuela pasan por alto que se trata ahora de una relación de muy otra naturaleza. Porque lo que los cubanos pueden ofrecer a cambio es muy importante. Aunque no se puede cuantificar en términos petrolíferos, es acaso de mayor importancia. Gracias a los maestros cubanos, el analfabetismo ha sido erradicado en Venezuela. Vea usted en cambio lo que ha ocurrido en Nicaragua, en donde hubo, bajo los sandinistas, una importante campaña de alfabetización: el analfabetismo ha reaparecido y ahora el 35% de las personas son analfabetas. ¡Esto es dramático!

De modo, pues, que una buena cantidad de experiencias cubanas merecen ser conservadas, y yo creo que los mismos cubanos quieren mantener mucho de lo que les hace únicos. Mas en ese país hay una sociedad compleja, no monolítica. Un partido único no está en condiciones de representar la muchedumbre de aspiraciones de los cubanos.

Castro dice que esa multiplicidad puede hallar cabida en el partido único.

Es verdad, pero lo que dice sobre todo es que en un país amenazado por la primera potencia mundial, la unidad es lo más importante que hay que conservar. Por eso es tan palmariamente elemental que esa amenaza debe cesar. El día que cese, habrá progresos en el reconocimiento de la múltiple pluralidad de la sociedad cubana. A menudo se habla del modelo chino, pero los cubanos se miran también en el espejo de lo que ocurre en Vietnam.


► Fuente:

• [ Rebelión. La crisis política del Foro Social Mundial. Escrito por Marie Dominique Vernhes y Peter Strotmann. Traducido por Amaranta Süss. Sitio consultado el 28/01/2008. ]

13 de enero de 2008

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China y la India, dos países capitalistas actualmente de moda

[...] se concentra la riqueza y se extiende la pobreza.

Eduardo Galeano



China: Crecimiento extraordinario.. (de la desigualdad)


China se presenta bajo el prisma de su éxito económico dado el crecimiento de su producto interior bruto y el aumento de sus exportaciones. Está claro que el crecimiento de su PIB es impresionante. Pero en realidad China ha escogido un modelo de desarrollo capitalista que implica una explotación acrecentada de sus trabajadores, despidos masivos, la privatización de muchísimas empresas públicas, una reducción radical de los gastos del Estado en materia de educación, sanidad, seguridad social, un productivismo desenfrenado totalmente irrespetuoso con la naturaleza y la salud pública. La parte de los salarios en el PIB descendió fuertemente en estos 10 últimos años: pasó del 53 % en 1998 al 41 % en 2005. [1] Es verdad que China es un acreedor neto de Estados Unidos, pero también es cierto que ha acumulado una cuantiosa deuda interna. Sobre todo, el ritmo de crecimiento de la desigualdad es terrible. Diferentes estudios indican que el 10 % más pobre de la población ha sufrido un deterioro muy fuerte de sus condiciones de vida, mientras que el 10 % más rico han visto como sus ingresos y sus patrimonios crecían vertiginosamente. El número de multimillonarios con fortunas de miles de millones de dólares ha pasado de 3 en el 2004 a 107 en el 2007. [2] En el ámbito de la salud económica, es posible que China no sufra demasiado el shock de una fuerte desaceleración de la economía estadounidense, ya que exporta más a Europa que a Estados Unidos. Pero las contradicciones económicas internas en China combinadas con el proceso que se desarrolla en Estados Unidos pueden desembocar en problemas mayores. El incremento de la deuda interna, tanto de las empresas como de los poderes públicos, la acumulación de deudas dudosas en el balance de los bancos, la formación de una burbuja especulativa en el sector inmobiliario y de una burbuja financiera en la Bolsa son factores que podrían llevar, más tarde o más temprano, a una crisis económica. Y eso sin contar con las enormes contradicciones sociales. Mas allá de la posibilidad de una crisis, lo que es absolutamente criticable es el modelo aplicado. [3]


El mito del milagro económico en la India


Otro país que se presenta como un éxito es la India. Su crecimiento económico sobrepasa el 9 %, la bolsa de Mumbai/Bombay conoce una progresión extraordinaria, compañías indias invierten tanto en los países más industrializados como en los países en desarrollo. Salvo algunas excepciones, los medios de comunicación no informan de la evolución de las condiciones de vida de la mayoría de la población india. El diario indio Hindustan Times, en su edición del 14 de octubre de 2007, revela que según un estudio realizado por una institución gubernamental, el 77 % de la población, o sea, 836 millones de indios, viven con menos de 20 rupias por día (es decir, menos de 0,5 dólares). Esta cifra es muy diferente de la dada por el Banco Mundial: 300 millones de indios vivirían con menos de 1 dólar por día. [4] La India cuenta con una enorme cantidad de working poors (gente que a pesar de tener trabajo vive por debajo del umbral de la pobreza). La comisión nacional india para las empresas del sector informal (India’s National Commission for Enterprises in the Unorganized Sector) revela que 320 millones de trabajadores viven con menos de 20 rupias por día. [5] Hindustan Times presenta los resultados de un estudio sobre el hambre en el mundo realizado por la International Food Policy Research Institute (IFPRI) según el cual el 40 % de los niños del mundo que sufren insuficiencia de peso viven en la India. Desde el punto de vista del combate contra el hambre, este país está por detrás de otros países de Asia como Pakistán o China. En una clasificación de 118 países, Cuba y Libia se sitúan en los primeros lugares mientras que China está en el puesto 47, Pakistán en el 88 y la India en el 94. El informe indica que la situación de los campesinos indios se ha degradado muchísimo. De acuerdo con otras fuentes, entre 1996 y 2003, más de 100.000 campesinos indios se suicidaron, la mayor parte por problemas de sobreendeudamiento. Eso significa un suicidio cada 45 segundos. Según el diario indio DNA del 17 de septiembre de 2007, que informa sobre un estudio gubernamental, el 46 % de los niños indios son víctimas de una deficiencia de peso. [...] A pesar de 9 años de crecimiento económico sostenido, el hambre en la India sólo disminuyó en un 1 %. Esto es una perfecta ilustración de la vacuidad del trickle down, es decir, el pretendido efecto de derrame, según el cual el crecimiento económico tiene automáticamente efectos positivos en los más pobres... [...] Según Forbes, que publica el informe anual sobre las personas más ricas del planeta, la India es, desde 2006, el país asiático que tiene el mayor número de multimillonarios: 36, que disponen de una fortuna en conjunto de 191.000 millones de dólares. La India, por lo tanto, habría desplazado del primer puesto a Japón con 24 multimillonarios que disponen en total de 64.000 millones de dólares. Entre las 5 personas más ricas del mundo, figura en el quinto puesto Lakshmi Mittal. Según datos suministrados en octubre de 2007 por la prensa financiera, el multimillonario indio Mukesh Ambani pasa por delante de L. Mittal y podría disputar el primer puesto (en manos del mexicano Carlos Slim) o el segundo (ocupado por Bill Gates) en el palmarés mundial de fortunas. Estas cifras son cuestionadas por otras fuentes, ya que según Newsweek del 12 de noviembre de 2007, habría, en 2007, 107 multimillonarios chinos. Éstos serían, por consiguiente, más numerosos que sus homólogos indios y de golpe la India pierde el primer puesto. Poco importan estas cuentas de tendero, lo que es cierto es que el rápido crecimiento de la India y de China está acompañado al mismo tiempo por una precipitada concentración de la riqueza: en consecuencia, son más los ricos, aunque son pocos, y son más los pobres, que son multitudes.


Notas:

[1] Newsweek, 12 de noviembre de 2007.

[2] Ídem.

[3] Para una presentación crítica del modelo chino, ver Martin Hart-Landberg y Paul Burkett, China: Entre el socialismo real y el capitalismo, Editorial CIM, Caracas, 2007.

[4] Es necesario aclarar que para dar esta cifra el Banco Mundial ha calculado en paridad de poder de compra, lo que le permite mejorar la situación.

[5] Newsweek, op. Cit.


► Fuente:

• [ Rebelión. China y la India, dos países capitalistas actualmente de moda. Escrito por Éric Toussaint [levemente modificado por el autor de este blog]. Sitio consultado el 13/01/2008. ]

11 de enero de 2008

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¿Democracia o plutocracia en el Banco del Sur?

En lo que quizás sea una actitud natural, pero no por eso menos abusiva, los peces grandes se comen a los chicos. Eso mismo estaría al borde de pasar en la constitución del Banco del Sur si la iniciativa de Argentina con el apoyo de Brasil tiene éxito.


El Banco del Sur es la alternativa democrática a los bancos internacionales de desarrollo basados en Washington. La crítica a las IFIs, como se conocen al BID, al Banco Mundial y al Fondo Monetario es que los votos se realizan por tamaño del producto bruto interno, de forma que los países más ricos tienen más votos que los países más pobres y en el extremo, el país más rico tiene capacidad de veto en el directorio. De esta forma, la presidencia de dichas instituciones es escogida por Washington y más en general por el G7.

Contra ese tipo de democracia plutocrática se erigió la Declaración de Quito en mayo de 2007. En dicha declaración se hacía alarde de los elementos democráticos de la nueva arquitectura financiera internacional con base regional que tendría en América del Sur un pie el Banco de desarrollo conocido como Banco del Sur. Este Banco estaría orientado hacia tipos de proyectos más sociales y más destinados a zonas empobrecidas para cerrar las brechas entre las zonas más prósperas y las menos prósperas.

La Declaración de Quito es una elaboración sobre la base de una propuesta del Gobierno de Venezuela con el apoyo de Argentina para lanzar un banco de desarrollo que a la vez fuera un fondo de estabilización monetario. Esta idea habría sido objetada por Brasil como antitécnica, en parte porque lo era y en parte porque no había salido de Brasilia. Luego de remontar los resquemores propios de estas iniciativas multilaterales se logró armar una estructura del Banco del Sur y, tras siete meses de negociaciones, en diciembre del 2007 fue lanzada al mundo desde Buenos Aires por los presidentes de siete de los diez países de América del Sur. No se han incorporado ni Colombia, el Perú o Chile, los tres que tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos sea ya firmados o en vías de firmarlos. Emir Sader, actual director ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y sociólogo político brasileño acuñó la feliz idea de que América del Sur está partida en dos entre los países que querrían una integración de iguales en Sudamérica y los que prefieren una integración subordinada con Estados Unidos.

Tras el lanzamiento del Banco en Buenos Aires quedaba ponerse de acuerdo sobre el aporte de capital que todos los entendidos en la materia comprendían que sería en partes iguales. El capital social del Banco es de 7000 millones de dólares, cifra que dividida entre siete países da mil millones de dólares de aporte por país. Argentina, con el apoyo de Brasil, ha dicho que esto es poco razonable. Que el aporte de los países más grandes debe ser mayor y por tanto mayor el poder dentro del Banco de esos países. Esto naturalmente desvirtúa la idea de un Banco democrático con un directorio compuesto por siete socios iguales donde cada país tendría un voto.

Esto recuerda las discusiones existentes cuando se creó la Comunidad Económica Europea en los años 50 y entonces resultaba que el reinado de Lichstentein, que es una ciudad Estado, tenía el mismo peso dentro de la Comunidad que Alemania, que era el motor de Europa. Esto se resolvió por las vías políticas en su oportunidad y con el tiempo los países pequeños de Europa terminaron equilibrando las tensiones de poder de los países grandes. La sede de la Comunidad Económica Europea se estableció en Bruselas por esa razón y hoy dicha ciudad es la capital de Europa unida.

La solución al impasse está a la vista. Si el gobierno de Cristina Fernández pretende mantener el espíritu democrático de la Declaración de Quito, estará de acuerdo en alguna propuesta que le permita a los países pequeños tener capital suscrito y no pagado por 1.000 millones de dólares, igual que los grandes y que tendrán un tiempo distinto para aportar el capital que los países grandes. El financiamiento del Banco vendrá del apalancamiento del mismo mediante la emisión de bonos en las monedas de los países miembros, en una canasta de moneda o en una unidad monetaria sudamericana que aún está siendo diseñada.

Quizás sea el mejor momento para que los peces grandes consideren no comerse a los peces chicos sino asociarse a ellos recordando que lo que está enfrente es un tiburón que se los quiere comer a todos y a quien le encantaría que esta iniciativa fracasara.


► Fuente:

• [ Rebelión. La lucha de los grandes contra los chicos. Escrito por Oscar Ugarteche. Sitio consultado el 11/01/2008. ]